Anais Sorensen, la Yoga Woman

Anais es más conocida como “Yoga Woman” (en Instagram @yoga__woman), pero no siempre fue una chica yogui, sino que conoció este arte en su primer año de universidad, y dejó todo de lado para volcarse por completo a esta práctica que la devoró. Poco a poco, fue transformando su mundo para adaptarlo al del yoga y convertirse en la mujer que es en la actualidad: una persona sana física y mentalmente, eco amigable, vegana, pet friendly, fit, tolerante y que aprendió a vivir con su cuerpo y su mente gracias al yoga.

¿Cómo es un día de la semana normal de Anais Sorensen?

Soy súper madrugadora, me despierto a las 5 de mañana, porque mi primera clase es a las 7 y vivo en Calera de Tango. Lo primero que hago, es tomarme una agüita con limón y luego un bol gigante de avena con agua. Esto, todos los días.

En la mañana, hago entre seis a siete clases, y entremedio, como barritas de avena, para recargar pilas. A medio día como algo ácido, puede ser una manzana verde, por ejemplo. A las 1, voy al Centro Ashtanga Yoga Chile, donde mi maestra, la Loreto Cortés, a seguir perfeccionándome.

Después, almuerzo un bol de ensaladas gigantes, de preferencia verdes, y dos veces a la semana, legumbres para darle a mi cuerpo las proteínas que necesita.

En la tarde, sigo trabajado y tipo seis, me como una fruta dulce o semi ácida, como una frutilla. Cuando termino, mi última comida, es algo tipo apio o pepino, muy liviano, que sea a las 8.30 máximo y ahí me tomo unos te, antes de acostarme, e intento dormirme temprano para poder madrugar sin problemas.

 

¿Qué tipo de yoga haces y cuál recomiendas?

 Hago clases de Ashtanga y Vinyasa. Voy cambiando, la verdad tengo mi grupo ashtanguero fijo, pero también tengo mi grupo de Vinyansa, porque igual es bien entretenido ir cambiando y variando las prácticas. Pero lo que más hago es Ahstanga.

Recomiendo la Ashtanga Vinyasa Yoga, que es un método súper fluido, en donde cada movimiento está sincronizado con la respiración. Las series son fijas y cada una tiene una función en especial. La gracia de este tipo de yoga es que es muy personalizado y les sirve a todos a su propio ritmo. A través de la correcta respiración se va generando un calor interno que permite que nuestros órganos se vayan limpiando y eliminando toxinas. Se podría decir que con la práctica es una “meditación en movimiento”.  Y en lo físico, se logra un equilibrio entre la fuerza y la flexibilidad, con el tiempo logras sentir tu cuerpo ligero y liviano, como sin peso encima. Yo hago clases de Ashtanga Vinyasa, y la conexión de mente, cuerpo y espíritu que se logra es increíble, y aporta demasiado para transmitir calma, que es lo que la mayoría de las personas necesitan en su vida hoy en día.

 

 

¿Cómo llegó el yoga a tu vida?

 Empecé a hacer yoga cuando estaba estudiando Diseño en la UDD, donde duré como un año. Empecé a practicar dos veces por semana, para relajarme y desconectarme, sin saber nada. Para mi yoga, era yoga no más. Pero empezó a gustarme más que lo que estaba haciendo, que era estudiar diseño. Yo ya había rebotado en una carrera antes, en nutrición, y cuando le dije a mi mamá que me quería cambiar de nuevo, casi me mata. Pero nunca me había pasado hacer algo que me hiciera tan feliz y no se qué cara le puse cuando le dije que me creyó y me sacó al tiro de la universidad. Ahí me metí a practicar todos los días a un centro y mi vida cambió para siempre.

 

¿Cómo ha ayudado el yoga en tu salud mental, física y en tu felicidad en general?

En mi familia hay un historial de trastornos alimenticios, y cuando me salí de mis estudios de nutrición, en los que estuve solo dos meses, estuve un tiempo en nada y me gatilló un tema con la comida, como un rechazo a ella. Estuve muy flaca, mal. Empecé a hacer yoga y salí a la luz, me despreocupé del tema. El yoga me ha ayudado a valorarme, a valorar lo que como y a entender que “tu alimento es tu medicina”. El yoga me ha sanado y me ha ayudado a ser una persona feliz.

Ahora comiendo bien, mi cuerpo ha cambiado heavy, tengo más músculos, no es que sea musculosa, pero antes nada, tenía los bracitos como unos palitos. Me siento con mucha más energía. La práctica del yoga te reactiva, te sana.

 

¿Qué es el yoga para ti?

El yoga no es un deporte, es una forma de vida. O sea, está bien, el yoga es yoga, hay gente que lo usa para relajarse o para tonificar, pero va más allá, te mueve, te cambia la vida, te hace cosas, ¿cachai?

Los hábitos en mí empezaron a llegar solos. Empecé a acostarme y levantarme temprano, porque quedaba raja después de las prácticas. Carretear no era una opción, duraba con suerte hasta las doce.
Con la comida fue lo mismo: mi cuerpo empezó a rechazar, por ejemplo, la leche, y dije ya listo, soy vegana. Yo no me impuse nada que yo no quisiera, los cambios han llegado solos. Hay que saber escuchar al cuerpo.

 

 

¿Te molesta ver a las demás personas comer carne al lado tuyo? ¿Eres hater respecto al tema?

Creo que hay que ser súper tolerante. Con mi pololo llevamos cinco años juntos y cuando nos conocimos yo comía carne, carreteaba, comía Mc Donalds. Ahora soy una persona totalmente diferente. Él ha aceptado mi evolución, ha visto mis cambios y ha tolerado todo y yo también. O sea, yo obvio que le digo cosas como “hey, no comai carne, el Mc Donalds es pésimo”, pero siento que tampoco puedo ir más allá. Siento que hay que ser tolerante en la vida y aportar con el granito de tu proceso, sin invadir al resto, y quizás llegue el momento en que él, y el resto de las personas, tomen consciencia de lo que comen y se vuelvan más vitales y preocupados de lo que meten en sus cuerpos. Conozco muchos veganos que son súper prepotentes y agresivos, que casi que te castigan, y yo creo que eso al final es el reflejo de uno hacia los demás, el ser así.

 

¿Cuáles son tus planes a futuro? ¿Cómo piensas seguir creciendo en la práctica del yoga?

Bueno, este año me fui a vivir a una parcelita en Calera de Tango con mi pololo y mis perritos, en donde tengo mi huerta, mi compost, mis frutas, que ya fue un sueño cumplido. Además, esta semana me voy a Estados Unidos, por un mes a recorrer los parques nacionales y abrazar árboles gigantes. También voy a aprovechar para ir a un taller con unos secos de Ashtanga, Tim Miller y Richard Freeman.

Planeo tener un año bien viajado y cumplir todos mis sueños. Ya más para el segundo semestre, quiero ir a la India a aprender con un gurú en Mysore, para estar en constante aprendizaje y perfeccionándome.

 

 

Trinidad Morel

Trinidad Morel

Con gusto por la moda, pasión por el mundo y amor por la literatura y la escritura.